Vanguardia Liberal, Agosto 8 de 2006
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Aun
cuando Fidel muera
Señor Director: Aun cuando Fidel muera, ya tiene su sitial en la Historia que, de
generación en generación, irá desplazando a cada uno de los diez presidentes
norteamericanos que han tratado de derrocarlo. Es inútil intentar tapar
los avances en materia de educación, salud y deporte que ha logrado Cuba bajo
el liderazgo de Fidel que supera en muchos aspectos a los de su
archienemigo que mostró el cobre frente a la respuesta que dio al huracán
Katrina. Gentes como las que celebran ruidosa o pasivamente la
enfermedad de Fidel, son las que tienen en la miseria a los demás países
latinoamericanos porque, evidentemente, son excluyentes y sólo piensan en
su beneficio personal. No puedo dejar pasar por alto el hecho de que no
supe qué decirle a un niño, cuando se sorprendió al ver en los noticieros
a gente haciendo fiesta porque una persona está enferma. Eso ni
siquiera ocurre en Colombia, tan lacerada por la violencia y la
intolerancia. - Orlando Almeida Remolina.
RESPUESTA SOBRE CUBA
Al señor Orlando Almeida Remolina Sobre su comentario del día 8 de agosto.
Señor Almeida: si usted tuvo la oportunidad de visitar la Cuba pre-Castro, podría
pedirle que hiciera una comparación entre los privilegios de los cuales gozaba
el pueblo en ese entonces y hoy; pero para ser mas explícita, prefiero pedirle
que tome los siguientes indicadores del año 1958 y haga una aproximación a los
que podrían producirse hoy bajo la administración tiránica y totalitaria del dictador
Castro Ruz: La distribución de la tierra en Cuba, a diferencia de otros países
de América, no era latifundista. Tenía además 0.86 cabezas de ganado vacuno por
habitante, ocupando el octavo lugar en Latinoamérica y el tercero en producción
de carne por habitante, después de Argentina y Uruguay. Bajo el régimen
castrista, si un cubano es sorprendido sacrificando una res, tiene cinco años
de cárcel; y tiene suerte si le corresponde en su libreta de racionamiento, una
libra de carne al mes para su consumo. En asistencia social, Cuba disponía de
97 hospitales con 21.141 camas al servicio del pueblo y en número de habitantes
por médico, ocupaba con 980, el segundo lugar superada por Argentina con 840.
Además, el índice de mortalidad infantil era el más bajo de toda Latinoamérica:
37.6 por millar de nacidos. (Según la
OMS hoy Cuba ocupa el quinto lugar en salud en Latinoamérica)
En número de habitantes por estudiante universitario Cuba ocupaba el quinto
lugar en América. (La UNESCO
da a Cuba hoy el mismo quinto lugar en educación después de Chile, Argentina,
Uruguay y Costa Rica) Por espacio, omito los indicadores laborales, vías
férreas, industriales, automotrices, recreativos y otros. Resiste esto un
comparativo con la realidad actual, señor Almeida? Era necesario para ese
pueblo una experimentación política tan dura y tan cruel, para los resultados
que registran hoy? Era necesaria la desmembración de las familias cubanas, el
fusilamiento de tantos jóvenes, el encarcelamiento de sus líderes que
cometieron el "error" de pensar en voz alta o de disentir del tirano?
Para llevar educación y salud al pueblo, de la manera como lo hacen hoy, había
que destruir físicamente un país y moralmente a por lo menos dos generaciones?
Es usted un conocedor de la realidad cubana señor Almeida, o es víctima de la
propaganda del régimen, arte en el cual los comunistas son expertos? Le
convencen a usted las manifestaciones pro-Castro que registra la televisión? Yo
he recorrido la isla desde Pinar del Río hasta Oriente, sin encontrar la
realización personal en su pueblo y por el contrario, percibiendo una gran
desesperanza, sentimiento muy peligroso y devastador. La educación y la salud
de los cubanos son un mito, señor Almeida. Lo invito a comprobar y a explicarse
el fenómeno de cuántos jóvenes cubanos prefieren hoy estudiar una profesión o
por el contrario eligen tener el extraño privilegio de acceder a un puesto como
mesero o maletero de los turistas. Tómese el trabajo de descubrir dentro del
pueblo cuántos enfermos sin atender esperan una oportunidad. Conozca usted
mismo los hospitales dispuestos para la atención del cubano y los habilitados
para los extranjeros. Procure entender el sentimiento que produce a un nativo
que se le impida el acceso a sus propios establecimientos públicos: almacenes,
hoteles, playas y sitios de recreación, todos dispuestos y dotados para los
turistas. No le parece que tiene un extraño parecido con el apartheid? O que se
hace evidente la tesis aquella de que “El fin justifica los medios” cuando ni
siquiera el fin en sí resiste una inspección concienzuda. Podría continuar la
lista y citar innumerables experiencias, abusando de la generosidad del
periódico y de sus lectores. Pero solo me despido, con la boca llena y el
corazón adolorido de las infinitas razones que me llevaron hoy a responder, con
mucho respeto, su planteamiento. En una cosa sí estoy de su lado: celebrar la
agonía de un ser humano, no tiene justificación alguna. Entiendo que es difícil
para los cubanos perdonar, porque el dolor y la miseria son evidentes y
actuales en sus compatriotas; porque perdieron a una Cuba añorada que nunca
volverá a ser; porque la mayoría de ellos han vivido la durísima condición del
destierro y la razón para ello es salvajemente injusta; pero Fidel Castro
tendrá sus propios jueces: su conciencia, la historia y el Dios de los
mortales. - Silvia Artola de Ariza
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