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domingo, 15 de enero de 2017

Respuesta a un pro-revolución


Vanguardia Liberal, septiembre 14 2007
 
Señor Pacheco: Muchas de las cosas que ud menciona sobre la revolución cubana son ciertas, pero una sola, precisamente la base que sostiene todo ese sistema, no es actual ni verdadera y es cuando afirma: "Los cubanos cambiaron todo eso por la mejora en sus condiciones de vida, desde luego para la gente que vivía mal..."

Señor Pacheco: esa gente que en algún momento votó para cambiar sus condiciones de vida hace 50 años, que hoy tiene más de 70, daría el voto y su vida entera por cambiar la que tuvieron que soportar durante el régimen de Fidel Castro. Basta con meterse al pueblo cubano, saliéndose de las rutas del turismo y si Ud. es capaz de infiltrar el temor y la paranoia que habitan en el pueblo, le contarán las miserias, el dolor y las mentiras de la mal llamada revolución del pueblo. Las siguientes generaciones de esos cubanos que pretendieron cambiar sus condiciones de pobreza no tuvieron alternativas: están ahí porque no tienen acceso a su libertad. Libertad que supone elegir su destino, su futuro, su profesión, su vivienda, sus proveedores, el destino de sus hijos y mil decisiones más. El régimen decide por ellos. Están ahí, y votan por la revolución y llenan plazas y manifestaciones pro-Fidel porque es su única posibilidad de conseguir un empleo o el acceso a la salud, vigilados de cerca por la red de los “Comité de Defensa de la Revolución” que espían sus mínimos movimientos. Quiero contarle que hasta la llegada de un paquete a sus casas, debe explicarse a un delegado del comité que vigila la cuadra y es quien, por supuesto, toma atenta nota de la asistencia a los eventos que alaban al sistema castrista.

 La salud también es un mito, señor Pacheco. Si bien se consiguieron algunos logros en materia de prevención y de socialización de los servicios, hoy día no alcanzan ni las curitas para el pueblo. Un cubano espera por una cirugía mínimo el mismo tiempo que espera un usuario del seguro social y también se mueren sin lograrla. En cambio los hospitales destinados a los turistas están dotados de la mejor tecnología y recursos de que puede disponer el estado cubano, sumándose a la larga lista de discriminaciones a las que es sometido ese pueblo que quiso una vez cambiar sus condiciones.

La educación, si bien es gratuita, se ha constituido en el detonante para el cambio de valores que se vive actualmente en la isla. Me explico: el estado elige para el niño, desde sus años de formación primaria, la profesión que deberá tener para servir a la revolución. Es así como se determina que en lugar de estudiar medicina que es lo que le gusta, un joven deberá ser maestro porque es eso lo que se necesita en el país en el momento.  Ese joven que debe estudiar lo que no quiere, y que además luego de terminar sus estudios entra a ganarse unos pesos cubanos que no le aseguran una supervivencia digna y mucho menos la realización de sus expectativas, prefiere hoy día cargar unas maletas a los turistas, manejar un taxi o desempeñar cualquier oficio que le permita el acceso al turismo y su moneda extranjera con la cual puede asomarse a la realización de sus deseos. Es así  como el joven cubano, que tiene un sistema que le permite hacer estudios superiores en forma gratuita, no quiere estudiar. Los jóvenes cubanos hoy no quieren ser médicos ni ingenieros; quieren ser meseros, maleteros, jineteras. Qué futuro le espera a ese pueblo, señor Pacheco? Juzgue usted…… 

Esto es lo que los votantes de hace 50 años, los únicos que votaron libremente por cambiar sus condiciones de vida, hoy lamentan haberlo hecho y haber heredado a sus hijos una pobreza distinta y una libertad condicionada a cambio de una educación y una salud que se han convertido en los mitos de la revolución. Revolución que hoy cumple 50 años con escasos logros para mostrar, a pesar del éxito de sus campañas de promoción y mercadeo que logran descrestar a los románticos. La destrucción del país, el desabastecimiento y la desesperanza de su pueblo, son las mayores realizaciones del experimento Castro.

 

Silvia Artola de Ariza

 

 

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