Vanguardia Liberal, septiembre 14 2007
Señor Pacheco: Muchas de las
cosas que ud menciona sobre la revolución cubana son ciertas, pero una sola,
precisamente la base que sostiene todo ese sistema, no es actual ni verdadera y
es cuando afirma: "Los cubanos cambiaron todo eso por la mejora en sus
condiciones de vida, desde luego para la gente que vivía mal..."
Señor Pacheco: esa gente que en
algún momento votó para cambiar sus condiciones de vida hace 50 años, que hoy
tiene más de 70, daría el voto y su vida entera por cambiar la que tuvieron que
soportar durante el régimen de Fidel Castro. Basta con meterse al pueblo
cubano, saliéndose de las rutas del turismo y si Ud. es capaz de infiltrar el
temor y la paranoia que habitan en el pueblo, le contarán las miserias, el
dolor y las mentiras de la mal llamada revolución del pueblo. Las siguientes
generaciones de esos cubanos que pretendieron cambiar sus condiciones de
pobreza no tuvieron alternativas: están ahí porque no tienen acceso a su
libertad. Libertad que supone elegir su destino, su futuro, su profesión, su
vivienda, sus proveedores, el destino de sus hijos y mil decisiones más. El
régimen decide por ellos. Están ahí, y votan por la revolución y llenan plazas
y manifestaciones pro-Fidel porque es su única posibilidad de conseguir un
empleo o el acceso a la salud, vigilados de cerca por la red de los “Comité de
Defensa de la Revolución” que espían sus mínimos movimientos. Quiero contarle
que hasta la llegada de un paquete a sus casas, debe explicarse a un delegado
del comité que vigila la cuadra y es quien, por supuesto, toma atenta nota de
la asistencia a los eventos que alaban al sistema castrista.
La salud también es un mito, señor Pacheco. Si
bien se consiguieron algunos logros en materia de prevención y de socialización
de los servicios, hoy día no alcanzan ni las curitas para el pueblo. Un cubano
espera por una cirugía mínimo el mismo tiempo que espera un usuario del seguro
social y también se mueren sin lograrla. En cambio los hospitales destinados a
los turistas están dotados de la mejor tecnología y recursos de que puede
disponer el estado cubano, sumándose a la larga lista de discriminaciones a las
que es sometido ese pueblo que quiso una vez cambiar sus condiciones.
La educación, si bien es
gratuita, se ha constituido en el detonante para el cambio de valores que se
vive actualmente en la isla. Me explico: el estado elige para el niño, desde
sus años de formación primaria, la profesión que deberá tener para servir a la
revolución. Es así como se determina que en lugar de estudiar medicina que es
lo que le gusta, un joven deberá ser maestro porque es eso lo que se necesita
en el país en el momento. Ese joven que
debe estudiar lo que no quiere, y que además luego de terminar sus estudios
entra a ganarse unos pesos cubanos que no le aseguran una supervivencia digna y
mucho menos la realización de sus expectativas, prefiere hoy día cargar unas
maletas a los turistas, manejar un taxi o desempeñar cualquier oficio que le
permita el acceso al turismo y su moneda extranjera con la cual puede asomarse
a la realización de sus deseos. Es así
como el joven cubano, que tiene un sistema que le permite hacer estudios
superiores en forma gratuita, no quiere estudiar. Los jóvenes cubanos hoy no
quieren ser médicos ni ingenieros; quieren ser meseros, maleteros, jineteras.
Qué futuro le espera a ese pueblo, señor Pacheco? Juzgue usted……
Esto es lo que los votantes de
hace 50 años, los únicos que votaron libremente por cambiar sus condiciones de
vida, hoy lamentan haberlo hecho y haber heredado a sus hijos una pobreza
distinta y una libertad condicionada a cambio de una educación y una salud que
se han convertido en los mitos de la revolución. Revolución que hoy cumple 50
años con escasos logros para mostrar, a pesar del éxito de sus campañas de
promoción y mercadeo que logran descrestar a los románticos. La destrucción del
país, el desabastecimiento y la desesperanza de su pueblo, son las mayores
realizaciones del experimento Castro.
Silvia Artola de Ariza

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