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domingo, 15 de enero de 2017

Carta a uno de los colegios que echaron a cabito


 

 

Bucaramanga, febrero 28 de 2002

 

 

 

 

Señora

Blanca Gutiérrez

Directora High School

COLEGIO PANAMERICANO

Bucaramanga

 

 

 


Con ánimo constructivo y con sincera preocupación por los niños y muchachos que no entran dentro de los parámetros de “buenos y disciplinados estudiantes”, tal como lo fué mi hijo Carlos Andrés Ariza Artola, alumno de ustedes durante el año de 1998, me permito con todo respeto compartirle mis inquietudes.

 

Por supuesto que el mundo evoluciona, y a su ritmo lo hacen las instituciones, los métodos, los profesionales; entiendo además que no soy maestra, aunque sí psicóloga y madre, por lo cual me siento autorizada para  manifestar mi inconformidad y preocupación con la discriminación de que son objeto los muchachos que no se adaptan bien al ambiente escolar determinado por cada colegio o docentes en particular. En el caso de Carlos Andrés, su falta de disciplina y bajo rendimiento en el estudio le ocasionó una mala imagen, fomentada por el mismo colegio, que se expandió hasta los padres de familia, y era discriminado en los hogares de otros compañeros, lo cual afectó aún mas su autoestima, y por supuesto su rendimiento ya de por sí deficiente. Considero que no supieron valorar lo positivo de su personalidad, dando relievancia solo a lo negativo, y le crearon un entorno difícil de manejar para el, inclusive para toda su familia. A raíz de ello, y con la guía de Dios, pensamos sacarlo de la ciudad y del pais, para darle oportunidad de desarrollarse en un ambiente que le ofreciera mas disciplina y reconocimiento, y que estuviera descontaminado de anteriores rótulos y prejuicios.

 

Hoy, dos años después, Carlos ha evolucionado positivamente, ha puesto sus dotes de liderazgo al servicio de la institución y ha desarrollado sus valores en un ambiente donde se le da estímulo permanente (anexo dos cartas de profesores que dan muestra de ello) y se le permite ser lo suficientemente diferente sin ser discriminado por ello; por lo contrario, sus cualidades artísticas son valoradas y exaltadas. (Anexo también copia del periódico local de la ciudad donde estudia, que lo muestra representando al colegio en la pintura de un mural de la ciudad).  Anexo varias de sus calificaciones,  que muestran la superación que ha logrado en esta materia, y no solamente lo que muestran los documentos es de resaltar, sino lo logrado a nivel de personalidad, madurez y responsabilidad.

 

Le damos a Dios y a Riverside todos los créditos por esto, pero sentimos preocupación por aquellos jóvenes que se encuentran en la misma situación, sin la posibilidad de explorar nuevos destinos, discriminados por sus profesores y compañeros llevando un tesoro en el corazón. Como era el caso de Carlos Andrés cuyo tesoro solo su familia veíamos. Un muchacho sin vicios, educado, respetuoso de sus mayores, con grandes cualidades de liderazgo mal orientadas, extremadamente generoso, solidario, amigo de sus amigos, sano a todos los niveles, aficionado a la música, noble y bueno. Este muchacho que ustedes no deben reconocer en esta descripción, hubiese tenido un mal pronóstico si continuaba de plantel en plantel, cada vez de menor categoría, buscando un nicho donde ubicarse en su sociedad y desarrollar el potencial que traía.

 

Me permito también compartir con ustedes fotocopia de una historia de una maestra y un alumno, para que reflexionemos en el mundo de la educación si estamos marcando a los alumnos con una gran X roja como hacían con Teddy, o si por el contrario le estamos dando el apoyo y la atención especial que ciertos niños requieren. Ser educador es un compromiso demasiado grande, una vida entera puede depender de esta labor, y en este orden comparto también unas líneas del padre Gallo en relación a un niño problema que se encontró con una gran maestra, y luego se convirtió en un ser humano excepcional.

 

Espero sepan entender el mensaje implícito en esta nota, que a simple vista parece una queja o reclamo por lo sucedido hace dos años; con los ojos con los que debemos ver a los alumnos que son diferentes a los demás, debemos leer aquí un gran amor y preocupación por los niños y por el futuro que tienen por delante y se merecen. Los colegios están llamados a poner su grano de arena en el cambio de actitudes que requiere el país.  Esta es una invitación a abrir los ojos y sobre todo el corazón, para educar.

 

Cordialmente,

 

 

SILVIA ARTOLA DE ARIZA

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