Bucaramanga,
febrero 28 de 2002
Señora
Blanca Gutiérrez
Directora High School
COLEGIO PANAMERICANO
Bucaramanga
Con ánimo constructivo y con sincera preocupación por los niños y muchachos que no entran dentro de los parámetros de “buenos y disciplinados estudiantes”, tal como lo fué mi hijo Carlos Andrés Ariza Artola, alumno de ustedes durante el año de 1998, me permito con todo respeto compartirle mis inquietudes.
Por supuesto que el mundo evoluciona, y a su ritmo lo hacen las
instituciones, los métodos, los profesionales; entiendo además que no soy
maestra, aunque sí psicóloga y madre, por lo cual me siento autorizada
para manifestar mi inconformidad y
preocupación con la discriminación de que son objeto los muchachos que no se
adaptan bien al ambiente escolar determinado por cada colegio o docentes en
particular. En el caso de Carlos Andrés, su falta de disciplina y bajo
rendimiento en el estudio le ocasionó una mala imagen, fomentada por el mismo
colegio, que se expandió hasta los padres de familia, y era discriminado en los
hogares de otros compañeros, lo cual afectó aún mas su autoestima, y por
supuesto su rendimiento ya de por sí deficiente. Considero que no supieron
valorar lo positivo de su personalidad, dando relievancia solo a lo negativo, y
le crearon un entorno difícil de manejar para el, inclusive para toda su
familia. A raíz de ello, y con la guía de Dios, pensamos sacarlo de la ciudad y
del pais, para darle oportunidad de desarrollarse en un ambiente que le
ofreciera mas disciplina y reconocimiento, y que estuviera descontaminado de
anteriores rótulos y prejuicios.
Hoy, dos años después, Carlos ha evolucionado positivamente, ha puesto
sus dotes de liderazgo al servicio de la institución y ha desarrollado sus
valores en un ambiente donde se le da estímulo permanente (anexo dos cartas de
profesores que dan muestra de ello) y se le permite ser lo suficientemente
diferente sin ser discriminado por ello; por lo contrario, sus cualidades
artísticas son valoradas y exaltadas. (Anexo también copia del periódico local
de la ciudad donde estudia, que lo muestra representando al colegio en la
pintura de un mural de la ciudad). Anexo
varias de sus calificaciones, que muestran
la superación que ha logrado en esta materia, y no solamente lo que muestran
los documentos es de resaltar, sino lo logrado a nivel de personalidad, madurez
y responsabilidad.
Le damos a Dios y a Riverside todos los créditos por esto, pero sentimos
preocupación por aquellos jóvenes que se encuentran en la misma situación, sin
la posibilidad de explorar nuevos destinos, discriminados por sus profesores y
compañeros llevando un tesoro en el corazón. Como era el caso de Carlos Andrés
cuyo tesoro solo su familia veíamos. Un muchacho sin vicios, educado,
respetuoso de sus mayores, con grandes cualidades de liderazgo mal orientadas,
extremadamente generoso, solidario, amigo de sus amigos, sano a todos los
niveles, aficionado a la música, noble y bueno. Este muchacho que ustedes no
deben reconocer en esta descripción, hubiese tenido un mal pronóstico si
continuaba de plantel en plantel, cada vez de menor categoría, buscando un
nicho donde ubicarse en su sociedad y desarrollar el potencial que traía.
Me permito también compartir con ustedes fotocopia de una historia de
una maestra y un alumno, para que reflexionemos en el mundo de la educación si
estamos marcando a los alumnos con una gran X roja como hacían con Teddy, o si
por el contrario le estamos dando el apoyo y la atención especial que ciertos
niños requieren. Ser educador es un compromiso demasiado grande, una vida entera
puede depender de esta labor, y en este orden comparto también unas líneas del
padre Gallo en relación a un niño problema que se encontró con una gran
maestra, y luego se convirtió en un ser humano excepcional.
Espero sepan entender el mensaje implícito en esta nota, que a simple
vista parece una queja o reclamo por lo sucedido hace dos años; con los ojos
con los que debemos ver a los alumnos que son diferentes a los demás, debemos
leer aquí un gran amor y preocupación por los niños y por el futuro que tienen
por delante y se merecen. Los colegios están llamados a poner su grano de arena
en el cambio de actitudes que requiere el país.
Esta es una invitación a abrir los ojos y sobre todo el corazón, para
educar.
Cordialmente,
SILVIA ARTOLA DE ARIZA

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