La vida definitivamente no es estática, no es monótona y se asegura de mantenernos en movimiento con un jaloncito por acá y un empujoncito por allá.
Hace dos días recordaba con especial nostalgia a Silvia Lucía y lo que han significado 39 años de no verla. Hoy me siento emocionada porque celebramos los 15 años de Felipe, aquel nieto de quien les contaba hace muchos años, que sus abrazos eran tan espontáneos, sorpresivos y amorosos que no quería que terminaran nunca. En cualquier momento y lugar, un par de bracitos me rodeaban por detrás y yo me sentía la mujer más feliz del mundo porque esa expresión de cariño infantil y juvenil no se la enseña nadie, no es una tarea ni una obligación para ellos, pero para mí es un regalo de un inmenso significado y me provoca una emoción indescriptible.Durante quince años Felipe nos ha brindado inmensas satisfacciones. Desde siempre fue un niño ávido de conocimiento, siempre quería aprender y saber más. Ya en sus primeros años de colegio hacía las tareas, las borraba y las volvía a hacer porque no le parecían suficientes. Más grandecito además de los deberes del colegio, investigaba por su cuenta sobre los planetas, las piedras, la tecnología y ningún tema era demasiado complejo para él. A mi me resolvía los retos que me presentaba su casa inteligente en temas que no eran de su resorte, por ejemplo: “Felipe la estufa está pitando y no sé qué pasa.” En el minuto siguiente yo tenía una respuesta y la solución; por qué se cerraba la persiana si yo no había tocado nada, cómo se manejaba la alarma al entrar o al salir y otros asuntos que eran muy actuales o de avanzada tecnología para mi escaso nivel de modernidad.
Mientras en el asiento trasero del carro parecía que iba absorto en una película o jugando con su iPad, nos asombraba de momento para advertir que estábamos sobrepasando la velocidad de ley. Pero cuántos ojos o antenas tiene este muchacho! Me preguntaba yo, admirándolo cada vez un poco más.
Felipe no se permite algo que no esté al nivel de la excelencia. Sea académica o deportiva, la persigue con determinación y persistencia y ya nos tiene acostumbrados a que sus resultados lo respaldan y lo acreditan como un muchacho versátil y muy talentoso en lo que se proponga.
¡Doy gracias a Dios por tanto! Mis nietos han sido una razón poderosa para reconocer que soy una persona bendecida y favorita de mi Padre Celestial. Hoy le pido por Felipe, para que le siga abriendo los caminos y lo lleve de su mano hacia un futuro brillante, exitoso, ejemplar y feliz. El sabe más que nadie, cuánto se lo merece.
