Bucaramanga, marzo 7, 2012
Mi querida Claudia:
No puedo dormir; son las dos y
dieciocho minutos de la madrugada y ha sido un día de tantas emociones que el
sueño parece un intruso. Te pienso continuamente porque sé lo que sientes,
conozco y entiendo tu dolor y sé la inmensidad de tu soledad y de tu impotencia.
Quisiera decirte algo que te
consolara, pero por experiencia sé que es imposible. Es necesario vivir y
procesar este momento, llorar todas las lágrimas y sufrir todas las penas. El
dolor purifica, engrandece, enseña y nos acerca a Dios. Este es tu camino más
próximo y si te ha tocado vivirlo, debes aceptarlo sin intentar entenderlo. En algún
momento de ese camino, empezarás a comprender que todo tiene una razón superior
y que todo es como debe ser. Se armará el rompecabezas y entenderás el mensaje
que trajo para ti, el paso de Christian por tu vida. Aunque esto parezca imposible hoy, aunque
sientas rebeldía contra la vida y contra el destino, así es como tenía que ser
para que se cumpla en ti el plan que El Señor tiene concebido. Ya Christian completó
el suyo y ahora su felicidad será eterna y merecida.
Solo quiero que sepas que
estaremos ahí siempre que nos necesites; que una vez tuve que recorrer ese
mismo camino que comienzas hoy y que cada paso que des lo entenderé y lo
acompañaré. Quiero que sepas que sí es posible renacer de este dolor y que sí es
posible recordar los momentos lindos y los duros vividos con él, sin sentir ese
cuchillo que te atraviesa las entrañas. Quiero recomendarte que no sientas
culpa ni remordimiento por nada; es tan inútil como dañino y todo lo que
hiciste o dejaste de hacer con él y por él, fue lo mejor que pudiste hacer en
su momento. Sentirás su presencia, su amor y su apoyo y las manos sanadoras de
Dios Nuestro Señor en tu corazón. Entrégate a El, pídele sanación y ofrécele tu
dolor con aceptación. Verás que la recompensa es grande, como grande será tu
crecimiento y tu avance espiritual.
Si en algún momento me
necesitas, no dudes en decirme. Has sido fuerte y has manejado con entereza
este viacrucis. No temas romperte y desbaratarte, que luego los pedazos se
arman con mejor resistencia y con mayor fortaleza. Y queda una Claudia de mejor
calidad, más firme, más grande y más sensible, que te permitirá un avance
maravilloso y te reportará beneficios inmensos
y duraderos. Créeme, porque en un principio yo tampoco lo creí y
finalmente, así mismo lo viví.
Te quiero mucho.

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