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domingo, 15 de enero de 2017

A mi secretaria el día que murió su hijo


Bucaramanga, marzo 7, 2012 

 

Mi querida Claudia:

No puedo dormir; son las dos y dieciocho minutos de la madrugada y ha sido un día de tantas emociones que el sueño parece un intruso. Te pienso continuamente porque sé lo que sientes, conozco y entiendo tu dolor y sé la inmensidad de tu soledad y de tu impotencia.

 

Quisiera decirte algo que te consolara, pero por experiencia sé que es imposible. Es necesario vivir y procesar este momento, llorar todas las lágrimas y sufrir todas las penas. El dolor purifica, engrandece, enseña y nos acerca a Dios. Este es tu camino más próximo y si te ha tocado vivirlo, debes aceptarlo sin intentar entenderlo. En algún momento de ese camino, empezarás a comprender que todo tiene una razón superior y que todo es como debe ser. Se armará el rompecabezas y entenderás el mensaje que trajo para ti, el paso de Christian por tu vida.  Aunque esto parezca imposible hoy, aunque sientas rebeldía contra la vida y contra el destino, así es como tenía que ser para que se cumpla en ti el plan que El Señor tiene concebido. Ya Christian completó el suyo y ahora su felicidad será eterna y merecida.

 

Solo quiero que sepas que estaremos ahí siempre que nos necesites; que una vez tuve que recorrer ese mismo camino que comienzas hoy y que cada paso que des lo entenderé y lo acompañaré. Quiero que sepas que sí es posible renacer de este dolor y que sí es posible recordar los momentos lindos y los duros vividos con él, sin sentir ese cuchillo que te atraviesa las entrañas. Quiero recomendarte que no sientas culpa ni remordimiento por nada; es tan inútil como dañino y todo lo que hiciste o dejaste de hacer con él y por él, fue lo mejor que pudiste hacer en su momento. Sentirás su presencia, su amor y su apoyo y las manos sanadoras de Dios Nuestro Señor en tu corazón. Entrégate a El, pídele sanación y ofrécele tu dolor con aceptación. Verás que la recompensa es grande, como grande será tu crecimiento y tu avance espiritual.

 

Si en algún momento me necesitas, no dudes en decirme. Has sido fuerte y has manejado con entereza este viacrucis. No temas romperte y desbaratarte, que luego los pedazos se arman con mejor resistencia y con mayor fortaleza. Y queda una Claudia de mejor calidad, más firme, más grande y más sensible, que te permitirá un avance maravilloso y te reportará beneficios inmensos  y duraderos. Créeme, porque en un principio yo tampoco lo creí y finalmente, así mismo lo viví.

 

Te quiero mucho.

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