Estoy horrorizada con lo
vivido por Yuliana. Anoche durmiendo junto a mi nieto de la misma edad, no era
capaz de conciliar el sueño pidiendo a Dios protección para él, para mis otros
tres nietos y para todos los niños del mundo. Ninguno merece vivir ese horror.
No quiero estar jamás en la piel de esos padres y esos abuelitos de Yuliana. No
quiero que nadie esté jamás en esa circunstancia. Cómo evitarlo? Hay algo que
esté en nuestras manos hacer para desterrar ese peligro?
Leyendo algunos de los posts
sobre el tema del día, quedé tristemente sorprendida de ver la inmensa
creatividad de los participantes para diseñar los castigos que debería sufrir
el violador. Son de una crueldad, sevicia, atrocidad y salvajismo que sentí
horror de sólo imaginarlo. Esto me lleva a pensar: está formando parte de nuestra
cultura la agresividad? estamos comenzando a aplaudir la venganza? La barbarie?
Consideramos ya justa la ley del talión? Nos hemos acostumbrado a la
beligerancia?
Yo me siento tan agredida como
todos los colombianos pero lo que vaya a pasar con el agresor, siempre que esté
en manos de la justicia y alejado de la sociedad, no me importa demasiado. Me
importan los demás niños y niñas, me importa el dolor de esa familia, me
importa también lo que podrán sufrir los padres de Rafael pues no tengo por qué
pensar que son culpables conscientes del comportamiento de su hijo. Me inclino
más a exigir al estado acompañamiento a esas familias y acciones justas y
oportunas para evitar, tanto como para sancionar, delitos similares.
Sucesos como este permiten liberar instintos y expresar
emociones que a lo mejor, tenemos subconscientes. Creo que allí debemos
trabajar también, de manera que lo que proyectemos a la sociedad sea positivo
y refleje valores que edifiquen y
aporten las bases para formar una generación que sea capaz de construir la paz
que queremos.

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