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domingo, 15 de enero de 2017

A petición de Tati para Emaús


 

Bucaramanga, octubre 17 de 2014

 

Mi querida Tati:

Llevo una semana pensando qué decirte en esta nota porque quiero que sea significativo, coherente y verdadero. Me vienen a la memoria muchos episodios de los últimos 30 años; han sido muchos eventos, muchas fechas, muchas situaciones y momentos compartidos. Se va dibujando en mi mente tu figura pequeña, redondita, con la misma cara angelical que conservas y que casi es un ícono en tu personalidad. Siempre sonriente, siempre sonrosada, siempre gentil. Fuiste una niña muy especial: tu ternura, tu tranquilidad y tu forma de llegar al corazón de quienes compartimos espacios de tu niñez era muy particular. Siempre me pareciste una princesa sin trono, un ángel sin alas, pero en un cuerpo real y muy hermoso.

Como no todo en la vida es rosa, compartimos también momentos difíciles. A tu corta edad los atravesaste con una madurez y una espiritualidad que me asombraban. Te admiré mucho desde entonces Tati, fuiste un ejemplo chiquito de cómo se deben asumir las situaciones delicadas y mostraste desde ese momento tu gran fuerza interior, tu talante apacible y tus decisiones acertadas.

No me sorprendieron nunca tus logros; triunfar en tus propósitos era algo inherente a tu naturaleza, era solamente el fruto merecido de tu cosecha buena. Espero disfrutar de muchos éxitos más que están por venir y gozar de saber que eres feliz. Porque la felicidad Tati, y tú lo sabes, es una decisión que se toma para que no dependa de nada y de nadie. Tienes en ti misma todo lo que se requiere para serlo y las virtudes de sobra para merecerlo. El universo te ama y de Dios eres consentida; esto conlleva un compromiso mayor y unas lecciones a veces más duras que afrontarás con el mismo buen juicio,  valor y ecuanimidad que nos has mostrado tener, para luego disfrutar más aún de lo logrado.

Te quiero mucho, te admiro y te valoro. Te doy gracias por tu cariño y tu cercanía. Pido para ti una vida de colores, de bellas y armoniosas melodías y de gratas sorpresas en cada tramo del camino. No te mereces ni un milímetro menos.  Que Dios te bendiga siempre.

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