domingo, 26 de noviembre de 2017
Avanzamos Colombia!
Avanzamos en la construcción de la paz de Santos, la paz que Colombia rechazó, la paz marxista que la Farc advirtió iban a conquistar para el país.
Avanzamos en la justicia especial, esa que hicieron a la medida de los criminales, la que Colombia rechazó también, la justicia que nos preguntamos si será justa para los opositores.
Avanzamos en la polarización del país, aquella que partió de “la paz y la guerra”, la que nos enfrenta en redes sociales todos... los días, la que descubrió la peor parte de los colombianos cuando somos retados.
Avanzamos en la corrupción del gobierno, aquella que no es exclusiva del actual pero que se ha incrementado en la necesidad de comprar conciencias, la que se descubre y se vuelve a tapar cuando su presa pertenece al clan de la mermelada, la que empobrece día a día a los colombianos.
Avanzamos en la descapitalización del país, la que tratan de cubrir sin éxito con reformas tributarias, la que tiene a Colombia endeudada en niveles nunca vistos antes, la que crece a diario con el despilfarro de los recursos que con esfuerzo aportamos los colombianos.
Avanzamos en la siembra, producción y comercialización de coca, la que daña juventudes, la que enriquece a los narcos, la que practica la Farc y en especial su “disidencia”, la que nos tiene al borde de la descertificación norteamericana.
Avanzamos hacia el despeñadero del país a través del desempleo, de los impuestos excesivos, de la inseguridad, del poder de los incapaces que gobiernan para rendir culto a sus billeteras y atesorar bienes ilegítimos que pertenecen a los colombianos.
Avanzamos hacia un futuro en el cual las fuerzas militares, rendidas desde ya, soportarán el estigma de haber sido los criminales y generadores de violencia, mientras las Farc lograrán el título de los Robin Hoods colombianos por defender a los menos favorecidos y reivindicar sus derechos. Y los hijos de nuestros hijos lo creerán, defenderán sus tesis y llevarán al poder a la izquierda si es que no lo logra con los esfuerzos de este gobierno de la paz.
Avanzamos, deduzco entonces, en la dirección que nos señalan desde Sao Paulo, La Habana y Venezuela.
lunes, 6 de noviembre de 2017
TIMOCHENKO A LA PRESIDENCIA!
No he podido precisar el
sentimiento que me produjo la noticia: Un criminal, extorsionador, pedófilo,
secuestrador y ordenador de masacres sale de su madriguera, se pasea por el
país, no es juzgado ni absuelto por ningún estamento judicial (ni el mandado a
hacer por ellos y para ellos) y de inmediato es candidato presidencial con el
visto bueno de la presidencia de la república y la indiferencia de un país
autista. Debemos ser el hazmerreír del mundo! o, por el contrario, nos
considerarán dignos de lástima?
No entenderé que para lograr
insertar a los delincuentes en la sociedad, ésta deba agacharse hasta el punto
de perder el poco honor y la escasa dignidad que le pueda quedar. Y menos
entenderé que por una paz que no se ha visto ni se verá mientras estemos
rebosados de coca, tengamos que dar tanto a cambio de tan poco; las muestras de
cinismo (cuáles delitos?) las exigencias (que no hay que repetir, la mayoría
están en los acuerdos) el engaño (los niños? los secuestrados? las rutas del
narcotráfico?) la burla descarada (traperos como patrimonio) que han mostrado
al país, no le hacen honor a todo el esfuerzo que hemos hecho los colombianos
para financiar sus excesos y permitir que tiendan a sus pies la democracia para
que la pisoteen y la ensucien si no con sus botas, sí con sus conciencias que
tienen al nivel del piso.
No pueden pretender las farc y
el gobierno que el ruido de los fusiles, el llanto de viudas y huérfanos, el
terror con el cual convivimos por muchos años y el dolor de tantos colombianos,
se puedan perdonar y olvidar mientras seamos testigos de la insolencia, los
engaños y la injusticia inmensa con el país que sobrevive con un salario mínimo
muy inferior a las prebendas de los desmovilizados. Con el país que pretenden
construir con trabajo honesto los empresarios y productores mientras son
azotados con toda clase de gravámenes y perseguidos por los perros más
hambrientos del estado. Con el país que labran los hacendados y campesinos para
proveer las despensas y contribuir con la balanza comercial de la patria.
Una a una se han ido develando
las verdades de las "mentiras del No". Verdades que estaban claras
para quienes sentíamos el olor podrido de las intenciones de un presidente
traidor y corrupto, al servicio de las dictaduras continentales. Verdades que
intentan tapar con la falacia de la paz pero cada día la evidencia no permite
que las cubran por completo.
Aún si este proceso hubiese
sido justo, no alcanzaría a estar preparado el país para que el máximo líder de
una organización narcotraficante y criminal tenga el camino expedito para
llegar a la presidencia de la república menos de un año después de haber
firmado, con falsa rúbrica, un documento de paz ilegítimo y rechazado por los
colombianos. Una a una se han ido develando
las verdades de las "mentiras del No". Verdades que estaban claras
para quienes sentíamos el olor podrido de las intenciones de un presidente
traidor y corrupto, al servicio de las dictaduras continentales. Verdades que
intentan tapar con la falacia de la paz pero cada día la evidencia no permite
que las cubran por completo.
Aún si este proceso hubiese sido justo, no alcanzaría a estar preparado el país para que el máximo líder de una organización narcotraficante y criminal, tenga el camino expedito para llegar a la presidencia de la república, menos de un año después de haber firmado con falsa rúbrica, un documento de paz ilegítimo y rechazado por los colombianos.Aún si este proceso hubiese sido justo, no alcanzaría a estar preparado el país para que el máximo líder de una organización narcotraficante y criminal, tenga el camino expedito para llegar a la presidencia de la república, menos de un año después de haber firmado con falsa rúbrica, un documento de paz ilegítimo y rechazado por los colombianosAún si este proceso hubiese sido justo, no alcanzaría a estar preparado el país para que el máximo líder de una organización narcotraficante y criminal, tenga el camino expedito para llegar a la presidencia de la república, menos de un año después de haber firmado con falsa rúbrica, un documento de paz ilegítimo y rechazado por los colombianos
Aún si este proceso hubiese sido justo, no alcanzaría a estar preparado el país para que el máximo líder de una organización narcotraficante y criminal, tenga el camino expedito para llegar a la presidencia de la república, menos de un año después de haber firmado con falsa rúbrica, un documento de paz ilegítimo y rechazado por los colombianos.Aún si este proceso hubiese sido justo, no alcanzaría a estar preparado el país para que el máximo líder de una organización narcotraficante y criminal, tenga el camino expedito para llegar a la presidencia de la república, menos de un año después de haber firmado con falsa rúbrica, un documento de paz ilegítimo y rechazado por los colombianosAún si este proceso hubiese sido justo, no alcanzaría a estar preparado el país para que el máximo líder de una organización narcotraficante y criminal, tenga el camino expedito para llegar a la presidencia de la república, menos de un año después de haber firmado con falsa rúbrica, un documento de paz ilegítimo y rechazado por los colombianos
martes, 3 de octubre de 2017
UN ETERNO OLOR A PATRIA
Cuarenta y siete años después, los teatros me
siguen produciendo desasosiego. Es como si ingresara a un futuro desconocido; como
si la obra fuese la reseña de una vida que voy
a tener que vivir sin elegirla y sin poder hacer nada para evitarlo. Es
curioso, porque lo que siguió a la experiencia de aquel teatro no me trató mal
para nada; pero siempre recuerdo el olor de aquel lugar, repleto de gente,
donde la angustia se podía palpar con las manos y semejaba un velo siniestro
que, aún frágil y transparente, era capaz de cubrir aquella multitud que
esperaba ansiosa oír su nombre pronunciado a través de los altavoces. Como si
aquello no significara que ya el exilio pasaba a convertirse de un temeroso
sueño, en una terrible realidad.
A los ocho años la presencia de papá y mamá es un seguro contra todo riesgo. Estar con ellos y dejarse guiar por la vida es algo natural, que produce seguridad y que no admite cuestionamientos. Pero aquel recinto aún con papá y mamá presentes, tenía un olor y un sabor a miedo, cuyo recuerdo me acompañaría durante toda la vida.
Cuando finalmente, casi 24 horas después, mi apellido se escuchó por los altavoces de la embajada, salimos apresuradamente a recibir nuestro veredicto: si seríamos aceptados como asilados en los Estados Unidos. Un veredicto que esperábamos positivo y así se dio, luego de que el funcionario interrogara a mi padre, en un pésimo español, sobre sus motivos para querer abandonar el país de mis hogares. Porque ahora que lo menciono, concluyo que tenía yo allí muchos hogares: la casa propia, las de los abuelos, la de la finca, la de mi prima María Antonieta, la de mi madrina, la de mis tías abuelas, el colegio, el club…. Todos ellos eran mis hogares en algún momento de una vida que se deslizaba cómoda y despreocupadamente por todos los rincones de mi bella patria.
A los ocho años la presencia de papá y mamá es un seguro contra todo riesgo. Estar con ellos y dejarse guiar por la vida es algo natural, que produce seguridad y que no admite cuestionamientos. Pero aquel recinto aún con papá y mamá presentes, tenía un olor y un sabor a miedo, cuyo recuerdo me acompañaría durante toda la vida.
Cuando finalmente, casi 24 horas después, mi apellido se escuchó por los altavoces de la embajada, salimos apresuradamente a recibir nuestro veredicto: si seríamos aceptados como asilados en los Estados Unidos. Un veredicto que esperábamos positivo y así se dio, luego de que el funcionario interrogara a mi padre, en un pésimo español, sobre sus motivos para querer abandonar el país de mis hogares. Porque ahora que lo menciono, concluyo que tenía yo allí muchos hogares: la casa propia, las de los abuelos, la de la finca, la de mi prima María Antonieta, la de mi madrina, la de mis tías abuelas, el colegio, el club…. Todos ellos eran mis hogares en algún momento de una vida que se deslizaba cómoda y despreocupadamente por todos los rincones de mi bella patria.
No entendí en aquel momento por qué, si el veredicto era el que querían papá y mamá, produjo tal estallido de llanto y por qué nos enlazamos en un abrazo angustioso, como si en lugar de irnos juntos los cuatro nos tuviésemos que separar para siempre.
Lo que siguió a ese momento sucedió muy rápido: nos trasladaron al aeropuerto, donde través de un vidrio vi la expresión desgarrada de mi abuela cuyo corazón, entiendo ahora en mi corazón de abuela, escapaba de Cuba con nosotros mientras su cuerpo permanecía sin opción y sin futuro en el país que nos robaban. Esos ojos azules y enormes de mi abuela con la desesperanza pintada en sus pupilas, fue lo único físico que recordé de ella hasta que la vida nos volvió a presentar, veintisiete años más tarde.
El teatro, la angustia, la multitud, el miedo, los ojos de mi abuela, aquel olor, el avión, el llanto; todo aquello pasó como pasan las cosas penosas en la vida: en segundos que son eternos aunque fugaces. Finalmente pisamos la tierra prometida y la angustia a lo desconocido se transformó en angustia real por la supervivencia, la conservación de la dignidad y el cubrimiento de las necesidades. Angustia que mi hermano y yo por supuesto, vivimos como espectadores. Lo único que podíamos ser, dadas las circunstancias, a nuestros escasos 7 y 8 años de vida.
El futuro no había comenzado todavía; esa tierra sería solamente nuestro hogar de paso, donde aprenderíamos a vivir en el exilio y tomaríamos las primeras enseñanzas de desprendimiento y manejo de los apegos; enseñanzas en idioma extranjero y en apresuradas y a veces duras y amargas lecciones de vida nueva. La niñez comenzaba a ahuyentarse por la realidad del destierro. Mamá ahora lloraba mucho y tenía que trabajar; mi padre se volvía por ratos una persona desconocida y triste; mi hermano y yo compartíamos una sola habitación y todos, un solo baño. Sentíamos a veces que no cabíamos bien en nuestro propio espacio que era un mudo testigo de los esfuerzos que hacíamos por adaptarnos a esta nueva manera de vivir.
El tiempo transcurría, generoso, apresurando la vida hacia el futuro. Tenía la misma prisa de nosotros por saber dónde terminaría nuestra búsqueda y dónde solventaríamos nuestras necesidades. Y como cómplices desconocidos aparecieron los responsables de nuestro nuevo exilio: colombianos y hospitalarios, nos ofrecieron su patria maravillosa para que mi padre hiciera suya esta tierra que un día, muchos años más tarde, le recibiría en lo más hondo de su amoroso seno.
Lo exótico del cambio nos mantuvo entretenidos y nos permitió a mi hermano y a mi sobrevivir no tan ilesos a la curiosidad que despertaba nuestro origen, nuestro acento y nuestra identidad menguada y desconocida. En muchas ocasiones, nocturnas las más, sentía ese olor a miedo que había aprendido un día, en un teatro lleno de una gente que solía ser mucho más semejante a mí.
No sería justo desconocer la riqueza que aportó a
nuestras vidas la experiencia de
sobrevivir a varias migraciones. La bondad y generosidad de la gente se
pone de manifiesto en una forma que no hubiera podido apreciar en mi propia
patria. La diferencia limita pero abre la perspectiva a una forma más universal
de amar y comprender. Convivir con el temor y la gratitud te hace vulnerable
pero fortalece la voluntad y madura el sentimiento. Así fue transcurriendo
nuestra vida en el exilio: cada vez más amable, menos anónima, más familiar.
Así me hice parte de este país, conviviendo con mis miedos y la energía de su
gente buena.
Pero la memoria es inmortal y traicionera. Cuarenta y siete años después compruebo, rendida a la evidencia, que no he podido espantar del todo aquel olor que reconozco donde lo veo. Porque es un olor con una identidad tan fuerte que tiene forma y peso, color y aroma. Es un olor que se presenta de pronto; cuando pierdo el rumbo, cuando no está claro mi norte, cuando la noche está oscura, cuando la lluvia no me permite caminar por mi camino. Es un olor que de tanto verlo, extraño cuando se aparta. Porque tiene sabor a Cuba y porque tuve que aprender, a fuerza de vivirlo, a compartir mi soledad con él.
Reflexiones Post-Plebiscito
3 de octubre de 2016
Reflexiones de post-plebiscito:
El recibimiento y protocolos rendidos a Raúl Castro en Cartagena me hicieron revivir conocidos sentimientos de no pertenencia que ya estaba cerca de superar. Yo entiendo y acepto la brecha generacional y las innovaciones que ella trae consigo. Soy consciente de los cambios que aporta la evolución natural y me considero bastante liberal en mis apreciaciones. Pero no sé dónde ubicar en mi escala de valores la experiencia de ver a asesinos, narcotraficantes, represores y terroristas recibiendo honores y rodeados de símbolos de paz y de esperanza en mi país. Tanto han cambiado las cosas? qué estamos mostrando a nuestra juventud? No niego que un reconocimiento de la insurgencia de haber equivocado el camino y una muestra de su voluntad para contribuir a la paz de Colombia, les hace merecedores de nuestra benevolencia, perdón y reconciliación. Pero tratarlos como los héroes de la jornada? Además de todos los privilegios concedidos debemos soportar la burla de un perdón "ofrecido" y una firma ilegal en el documento oficial de los acuerdos? Debemos brindar un show internacional de banderas y vestidos blancos mientras reprimen las protestas y espantan periodistas dos cuadras más allá? Mientras el país no sabe aún la suerte de los menores reclutados y los secuestrados aún en su poder? Mientras las cárceles retienen a oficiales colombianos con procesos de dudosa fabricación? Mientras deciden darnos a conocer el contenido del punto 3.3 de la página 69 de los acuerdos ya suscritos? Mientras vemos en el escenario de "la paz" unos actores que representan la zona más siniestra de la política? Mientras nos dejan sometidos a una Jurisdicción Especial para la Paz que no tiene ni Dios ni ley diferente a la de los de ellos mismos? Demasiados vacíos, me dice la razón al unísono con un deseo casi audible de mi corazón que dice que acepte.... que no luche... que ésta batalla se puede perder y por alguna razón inexplicable, la vida repite de nuevo aquello que tal vez no hemos querido aprender o que no hemos podido sanar y superar…. De tanto vivir aprendí por fin que ante lo inevitable no hay nada que hacer. Profunda frase al mejor estilo Maturana que si bien no logra que me entregue antes de la batalla final, sí me permite aceptar y asimilar con más facilidad, el resultado que se obtenga.
Un día dije adiós a mi patria con inmenso dolor; dolor de niña que perdía sus apegos, dolor de miedo por un mañana incierto y dolor de ver dolor en quienes amaba. Aquella lección fue la primera de muchas sobre los vínculos y la confianza y como todo aprendizaje que se vive desde el corazón, se convirtió en una norma de mi vida nueva. Hoy me acojo otra vez a la certeza de estar donde debo y a la esperanza de dirigirme hacia un mundo mejor. Nada me pertenece y a nada pertenezco pero me duele Colombia, hospitalaria y generosa; me duele imaginarla como el país que ya una vez abandoné; me duele su realidad injusta y desigual, su dirigencia corrupta, su talante soñador que nos permite creer en una paz general sin haber resanado las grietas que ha dejado la ambición de nuestros políticos y las necesidades de medio país; me duele tanto por hacer y tan poco que estoy haciendo; pero siento que mi destino sí se llama paz y solamente yo podría diseñarla para mí. Por eso hoy, con esperanza renovada, celebro el triunfo de la democracia en el país. Más que nunca se requiere del aporte que cada uno pueda traer desde su corazón; porque no se trata de buscar la paz sino de edificarla, de cimentar una Colombia con oportunidades para todos y un futuro para cada niño que nace. Una Colombia incluyente, respetuosa y educada. Una Colombia de la que podamos sentirnos orgullosos porque es ejemplo de democracia y de política social. Esa es la Colombia que merecemos los colombianos y ésta la oportunidad de construirla.
Nota: agradezco al presidente Santos la oportunidad de consultar al pueblo en el plebiscito y su reconocimiento del resultado, así como su voluntad de hoy para continuar buscando un mejor acuerdo con la guerrilla. Al presidente Uribe su lucha sin descanso por una causa que interpretó de la mayoría de los colombianos y que hoy se autenticó en la consulta popular. Al Procurador Ordoñez su persistencia en hacer notar las inconveniencias de los acuerdos y los riesgos que tomó en la defensa de sus convicciones. Al secretariado de las Farc su intención de aceptar el resultado del plebiscito y continuar en la búsqueda de la reinserción a la vida democrática. Y a Dios, su guiño
;) al sentir de la mayoría del país.
Reflexiones de post-plebiscito:
El recibimiento y protocolos rendidos a Raúl Castro en Cartagena me hicieron revivir conocidos sentimientos de no pertenencia que ya estaba cerca de superar. Yo entiendo y acepto la brecha generacional y las innovaciones que ella trae consigo. Soy consciente de los cambios que aporta la evolución natural y me considero bastante liberal en mis apreciaciones. Pero no sé dónde ubicar en mi escala de valores la experiencia de ver a asesinos, narcotraficantes, represores y terroristas recibiendo honores y rodeados de símbolos de paz y de esperanza en mi país. Tanto han cambiado las cosas? qué estamos mostrando a nuestra juventud? No niego que un reconocimiento de la insurgencia de haber equivocado el camino y una muestra de su voluntad para contribuir a la paz de Colombia, les hace merecedores de nuestra benevolencia, perdón y reconciliación. Pero tratarlos como los héroes de la jornada? Además de todos los privilegios concedidos debemos soportar la burla de un perdón "ofrecido" y una firma ilegal en el documento oficial de los acuerdos? Debemos brindar un show internacional de banderas y vestidos blancos mientras reprimen las protestas y espantan periodistas dos cuadras más allá? Mientras el país no sabe aún la suerte de los menores reclutados y los secuestrados aún en su poder? Mientras las cárceles retienen a oficiales colombianos con procesos de dudosa fabricación? Mientras deciden darnos a conocer el contenido del punto 3.3 de la página 69 de los acuerdos ya suscritos? Mientras vemos en el escenario de "la paz" unos actores que representan la zona más siniestra de la política? Mientras nos dejan sometidos a una Jurisdicción Especial para la Paz que no tiene ni Dios ni ley diferente a la de los de ellos mismos? Demasiados vacíos, me dice la razón al unísono con un deseo casi audible de mi corazón que dice que acepte.... que no luche... que ésta batalla se puede perder y por alguna razón inexplicable, la vida repite de nuevo aquello que tal vez no hemos querido aprender o que no hemos podido sanar y superar…. De tanto vivir aprendí por fin que ante lo inevitable no hay nada que hacer. Profunda frase al mejor estilo Maturana que si bien no logra que me entregue antes de la batalla final, sí me permite aceptar y asimilar con más facilidad, el resultado que se obtenga.
Un día dije adiós a mi patria con inmenso dolor; dolor de niña que perdía sus apegos, dolor de miedo por un mañana incierto y dolor de ver dolor en quienes amaba. Aquella lección fue la primera de muchas sobre los vínculos y la confianza y como todo aprendizaje que se vive desde el corazón, se convirtió en una norma de mi vida nueva. Hoy me acojo otra vez a la certeza de estar donde debo y a la esperanza de dirigirme hacia un mundo mejor. Nada me pertenece y a nada pertenezco pero me duele Colombia, hospitalaria y generosa; me duele imaginarla como el país que ya una vez abandoné; me duele su realidad injusta y desigual, su dirigencia corrupta, su talante soñador que nos permite creer en una paz general sin haber resanado las grietas que ha dejado la ambición de nuestros políticos y las necesidades de medio país; me duele tanto por hacer y tan poco que estoy haciendo; pero siento que mi destino sí se llama paz y solamente yo podría diseñarla para mí. Por eso hoy, con esperanza renovada, celebro el triunfo de la democracia en el país. Más que nunca se requiere del aporte que cada uno pueda traer desde su corazón; porque no se trata de buscar la paz sino de edificarla, de cimentar una Colombia con oportunidades para todos y un futuro para cada niño que nace. Una Colombia incluyente, respetuosa y educada. Una Colombia de la que podamos sentirnos orgullosos porque es ejemplo de democracia y de política social. Esa es la Colombia que merecemos los colombianos y ésta la oportunidad de construirla.
Nota: agradezco al presidente Santos la oportunidad de consultar al pueblo en el plebiscito y su reconocimiento del resultado, así como su voluntad de hoy para continuar buscando un mejor acuerdo con la guerrilla. Al presidente Uribe su lucha sin descanso por una causa que interpretó de la mayoría de los colombianos y que hoy se autenticó en la consulta popular. Al Procurador Ordoñez su persistencia en hacer notar las inconveniencias de los acuerdos y los riesgos que tomó en la defensa de sus convicciones. Al secretariado de las Farc su intención de aceptar el resultado del plebiscito y continuar en la búsqueda de la reinserción a la vida democrática. Y a Dios, su guiño
domingo, 1 de octubre de 2017
"Eso no va a pasar aquí"
El primer día del año 1959, llegó Fidel Castro a la Habana en una caravana de tanques de guerra y desfile de milicianos y simpatizantes de la revolución, que recuerdo haber visto con asombro desde algún balcón cercano a la vía dispuesta para la entrada triunfal del nuevo gobernante. Cómo intuir que estábamos dando la bienvenida al fin de la libertad y la soberanía de nuestra patria hermosa dejándola en manos de un tirano a quien solamente la muerte separaría del cargo que asumió horas después. Había en la muchedumbre alegría por las promesas de paz, prosperidad y justicia social así como grandes esperanzas de una vida mejor que la que dejaba la dictadura anterior. Y comenzó la historia.... una historia que mereció un capítulo aparte en la memoria de un país que había conocido la gloria, el progreso, la admiración y la abundancia.
Mi padre tenía una propiedad heredada en Santiago de Cuba, municipio de San Germán, a escasos kilómetros de la finca de Ángel Castro; tenía ganado y cultivos de caña los cuales supervisaba viajando desde La Habana, donde vivíamos, hacia Oriente como piloto de su propio avión. Nosotros pasábamos temporadas allí, algunas veces acompañados de mi abuela paterna que ya vivía en Miami hacía unos pocos años y disfrutábamos de la tranquilidad y la vida de campo de “La Canoa” como se llamaba la hacienda. En Cuba, canoa en lenguaje popular significaba provisión, de manera que decir que estaba buena la canoa, significaba que había abundancia en dinero o en especies en el hogar. Mientras estaba en La Habana, mi padre manejaba un pequeño supermercado que había comenzado a crecer atractivamente cuando se posesionó en la presidencia el hijo de Ángel Castro, nuestro amable vecino.
La vida normal se retomó el 2 de enero de ese año inolvidable y era habitual ver a Fidel en la calle, en la televisión y asistiendo a ceremonias religiosas como cualquier parroquiano de la ciudad. Iniciamos el año escolar una vez más; yo asistía a un colegio de religiosas, del cual recuerdo poco: el nombre y la monja más brava que conocí durante toda mi vida. Fui una estudiante buena, aplicada y tal como hoy día, de pocas pero invaluables amigas. Mis abuelos y tías maternas vivían para complacernos a mi hermano y a mi; el niño Dios llegaba cargado de regalos a las casas de todos ellos y nos pasábamos el día de Navidad y el de Reyes en una feliz jornada de recolección de sorpresas, abrazos y golosinas.
No duró mucho la aparente tranquilidad que se vivía; desde mis 8 años podía percibir una intranquilidad vespertina que era desconocida en mi familia. Se reunían mucho y estaban pendientes de las noticias en el radio y la televisión; hablaban en voz baja y de pronto se alegraban y se abrazaban entre ellos. Mucho después supe que habían comenzado las persecuciones a quienes hablaban mal del régimen o se atrevían a predecir el comunismo como política de estado, que Fidel negaba en cada oportunidad. El retraso en la llegada a casa de mi tío o de mi padre, provocaba una velada de oración por su seguridad y pronto arribo. Recuerdo especialmente el día en que con inocencia y admiración, llegué del colegio a contar a mis padres que unos señores vestidos de verde habían llegado a nuestra clase y nos pidieron que rezáramos a Dios para que nos trajera golosinas. Con alguna reserva hicimos como nos indicaron, recostando la cabeza sobre los brazos cruzados encima del pupitre, los ojos bien cerrados y oramos en voz alta ilusionadas con el milagro. Como era de esperarse, nada apareció; ante nuestro desconsuelo, nos hicieron repetir la oración pero esta vez pidiendo las golosinas a Fidel. Al abrir los ojos y alzar las cabezas, allí estaban los caramelos regados por el piso de todo el salón. La reacción airada de mi padre fue inesperada y protesté convencida de su actitud injusta ante mi entusiasmo con el nuevo proveedor de milagros.
Casi enseguida comenzaron las advertencias aterradoras: “No hables con nadie”, No comentes cosas que hablen tus padres o familiares”, “No puedes visitar amigas cuyos padres no sean amigos de los tuyos”. Así fue como mi vida se redujo a la casa, el colegio y visitas a las primas, tíos y a los abuelos. No recuerdo lo que les voy a contar, sino a través de muy posteriores relatos de mi abuela paterna, que ya vivía en USA. Mi padre empezó a sospechar que lo que venía para el país era un régimen socialista. Pocos amigos y ningún familiar estaban de acuerdo con ello. De manera que cuando decidió que abandonáramos la isla, a mediados del año 60, la familia de mi madre se ofendió y rechazó con insistencia y dolor su propósito de partir con los únicos nietos y sobrinos que para ese momento éramos el centro de la vida familiar. “No va a pasar nada, Fidel solo quiere reivindicar los derechos del campesino, del pobre y desamparado” le repetían con frecuencia. Algunas voces en el gobierno se alzaban en contra de los propósitos castristas, sin lograr acogida en la gente ilusionada con los vientos nuevos de paz. Nada hizo desistir a mi papá; así que un día cualquiera, portando en dos maletas medianas lo mejor de nuestras pertenencias, nos presentamos a la embajada americana con la intención de lograr asilo y salir de Cuba de inmediato.
He contado en otros escritos lo que sucedió después de esa ruptura. Luego de una noche en la embajada, fuimos conducidos al aeropuerto de Rancho Boyeros y a un avión de PanAmerican Airways que nos alejaría para siempre de nuestra patria, nuestra familia y nuestras costumbres. Mis abuelos quedaron deshechos, mis tíos desconsolados; partieron mis padres con el corazón devastado y los sentimientos frágiles pero con la certeza de haber hecho lo correcto. Mi hermano y yo vivimos el episodio con la emoción de una aventura extraña, pero con inmensa angustia por la tristeza de ese momento trascendental. Hoy, tal como en muchas otras fechas y aniversarios, doy gracias a Dios por la visión de mi padre y admiro su coraje al asumir la compleja decisión de abandonar su patria. Decisión que probó muchas veces ser acertada, oportuna y feliz.
martes, 26 de septiembre de 2017
A petición de Maria Lucía, para Emaús
Mi querida Mary:
Hace unos meses vivimos la terrible probabilidad de no
tenerte más con nosotros. A medida que pasaba el tiempo y tu estado fluctuaba
entre una leve mejoría y una nueva crisis más aguda que la anterior, los
recuerdos de cosas vividas y los sentimientos que se expresaban en temor y angustia,
me revelaron que juntos: recuerdos y sentimientos, formaban una imagen
familiar, querida, confiable, que se asomaba siempre en mis momentos de
alegría, de felicidad, de dolor, de aflicción y de necesidad. Esa imagen eras
tú, siempre presente hasta en la ausencia física de la distancia.
Parada junto a tu cama tratando de rehacerte en oración,
recordaba cuando te conocí hace ya más de 40 años mientras luchaba con el temor
de perderte para siempre; me recreaba en recuerdos remotos como la simpática
disputa por un bocado de puré de papas con jamón y arvejas entre Juan David,
entonces de dos años a lo sumo, y su tía recién llegada de Europa, a quien
pedía con enojo: “Tía vete opa” como recurso para no tener que compartir su
comida contigo. Eras muy bonita, moderna, alegre y tenías actitudes infantiles que
complementaban perfectamente tu parte sofisticada, madura y con amplia y
universal cultura y conocimiento.
El siguiente recuerdo que me vino a la mente fue el trapo
aquel... que solamente en ti lucía porque tenías una manera muy tuya y muy
especial de manejarlo. Las orejas.... ingenuo fetiche que hacía parte de tu
muy particular manera de vivir y de relacionarte. Tu amor inmenso por los
animales, cualquiera que fuera excluyendo al sapo y que revelaba la
sensibilidad de tu alma buena. Preguntona... con una habilidad enorme para desenterrar de la boca las palabras y del
corazón las emociones. Recordé las aventuras cuando aprendías a manejar y
terminamos encaramadas en un montón de tierra sin poder bajarnos de allí. Cómo
olvidar las conversaciones interminables, donde encontrábamos coincidencias y
armonías en las formas de ver la vida y de interpretar sus maniobras. Y así
pasaste de ser una cuñada recién conocida, a la hermana que llenó ese vacío
fraternal desconocido hasta entonces para mí.
El tiempo siguió pasando y arrastrándonos a sus moldes
preconcebidos de sensatez y compostura. Llegaron más responsabilidades y no
faltaron las penas y los dolores. Penas y dolores que compartimos también, así
fuese para aliviar el alma y descargar las emociones.
Todo eso pasó por mi mente en segundos, mientras intentaba
acomodar tu imagen quebrantada en esa cama de hospital, a la Mary real, vital y
verdadera con la que siempre identifiqué mi afecto y a quien necesitaba de
nuevo en mi futuro.
En esta experiencia que vas a vivir, tendrás la ocasión de
agradecer a un Dios que sentirás más cercano que nunca, por esta oportunidad de
volver a la vida. De volver a la vida en perfecta salud física y mental y una
renovada certeza de tu valor inmenso para toda la familia. En esa comunión de
amor con tu Creador, no olvides decirle que nuestra deuda es inmensa por su
infinita misericordia y que entre todos la asumimos con gratitud y compromiso
por hacer de éste, un mundo mejor.
Por si no lo has adivinado todavía, todo esto era para
decirte que te quiero mucho y desearte una experiencia maravillosa en la
vivencia de Emaús.
Silvia
Bucaramanga, septiembre 5 de 2017
La Paz, aunque duela!
LA
PAZ, AUNQUE DUELA!
Los
psicólogos dicen que para convencer debemos, entre otras cosas: buscar o crear
una necesidad, darle un sentido de urgencia, ofrecer una solución y persistir
en el tema. Esto me lleva a pensar en la tan popular y desgastada palabra
"paz". Nos han creado la necesidad de una paz que no difiere mucho de
lo que hemos vivido desde hace 50 años y que se sintió bastante cerca en el
gobierno del presidente Uribe, aunque la memoria les falle a algunos.
Enseguida, nos crearon el sentido de urgencia porque si no aceptábamos los
acuerdos, íbamos a tener guerra urbana y la guerra era más cara que la
"paz". Adicionalmente nos han ofrecido la solución que son los
nefastos acuerdos de La Habana, pero como ya teníamos instalada la necesidad
emocional de acabar la guerra y vivir en paz, nos hicimos un poco los sordos y
ciegos con tal de que fuera resuelta esa necesidad creada. Y de
persistencia.... ni hablar! cuando decía que la palabra paz era popular era en
su máximo sentido: la tenemos presente al desayuno, almuerzo y cena pero además
antes de dormir, mientras manejamos, en las redes sociales, en conversaciones
de amigos y contradictores, en vallas, publicidad televisada con actores
importantes y en otras formas más.
Ya tenemos entonces completa la faena: una parte del país está convencido de que estamos en guerra y la paz es el premio contenido en los acuerdos de La Habana. No se puede negar que quienes han diseñado todo este proceso, saben lo que están haciendo; saben que manejando las emociones de los colombianos, tan a flor de piel, se lograrán hacer con sus voluntades. Muy exitosa aunque peligrosísima fórmula que ha tenido resultados en anteriores procesos similares conocidos y de los cuales no sabemos bien lo cerca que estamos.
Me llevó a este análisis, la curiosidad que me despierta el hecho de que personas con altos niveles culturales, académicos y/o sociales, sigan creyendo en esta paz ficticia. Que hayan aceptado como positivas unas aberraciones como la JEP, el aumento de cultivos de coca (y el consecuente narcotráfico y la guerra que se deriva de esta actividad), la negativa de liberar los niños reclutados y de entregar la totalidad de las armas; la conservación de los inmensos capitales ilegítimos de la Farc y la imposición de más tributos a un país empobrecido, con una economía que languidece, con el fin de mantener unos angelitos que gastan en dólares en las fiestas de pueblo. Me cuesta trabajo entender que personas como Martín Sombra estén en libertad mientras que tantos servidores de la patria siguen en la cárcel; que haya más de 800 guerrilleros excarcelados y no lleguen a diez los soldados que han podido recuperar su libertad. Que el ejecutivo gobierne por decreto, que sea posible la expropiación de tierras, que el gobierno permita los foros de los líderes guerrilleros aún sin desarmar, en las universidades; que confíen un arma en las manos de un desmovilizado para ser escolta. Podría seguir la lista de concesiones inverosímiles a quienes no han mostrado ni el más mínimo arrepentimiento y por el contrario, amenazan con volver al monte y mantienen vigente su propósito de implantar el comunismo en el país. Y de todo lo anterior, lo que más me sorprende es la conformidad de quienes se han permitido vivir, conscientemente, las técnicas para convencer a alguien de este propósito maquiavélico.
Ya tenemos entonces completa la faena: una parte del país está convencido de que estamos en guerra y la paz es el premio contenido en los acuerdos de La Habana. No se puede negar que quienes han diseñado todo este proceso, saben lo que están haciendo; saben que manejando las emociones de los colombianos, tan a flor de piel, se lograrán hacer con sus voluntades. Muy exitosa aunque peligrosísima fórmula que ha tenido resultados en anteriores procesos similares conocidos y de los cuales no sabemos bien lo cerca que estamos.
Me llevó a este análisis, la curiosidad que me despierta el hecho de que personas con altos niveles culturales, académicos y/o sociales, sigan creyendo en esta paz ficticia. Que hayan aceptado como positivas unas aberraciones como la JEP, el aumento de cultivos de coca (y el consecuente narcotráfico y la guerra que se deriva de esta actividad), la negativa de liberar los niños reclutados y de entregar la totalidad de las armas; la conservación de los inmensos capitales ilegítimos de la Farc y la imposición de más tributos a un país empobrecido, con una economía que languidece, con el fin de mantener unos angelitos que gastan en dólares en las fiestas de pueblo. Me cuesta trabajo entender que personas como Martín Sombra estén en libertad mientras que tantos servidores de la patria siguen en la cárcel; que haya más de 800 guerrilleros excarcelados y no lleguen a diez los soldados que han podido recuperar su libertad. Que el ejecutivo gobierne por decreto, que sea posible la expropiación de tierras, que el gobierno permita los foros de los líderes guerrilleros aún sin desarmar, en las universidades; que confíen un arma en las manos de un desmovilizado para ser escolta. Podría seguir la lista de concesiones inverosímiles a quienes no han mostrado ni el más mínimo arrepentimiento y por el contrario, amenazan con volver al monte y mantienen vigente su propósito de implantar el comunismo en el país. Y de todo lo anterior, lo que más me sorprende es la conformidad de quienes se han permitido vivir, conscientemente, las técnicas para convencer a alguien de este propósito maquiavélico.
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