Entrada destacada

El reto de gratitud de 7 días

Este fue un reto de redes sociales, que consistía en dar gracias por tres razones durante 7 días. Dia 1 1. Doy gracias a Dios por mi vi...

martes, 26 de septiembre de 2017

A petición de Maria Lucía, para Emaús


Mi querida Mary:

Hace unos meses vivimos la terrible probabilidad de no tenerte más con nosotros. A medida que pasaba el tiempo y tu estado fluctuaba entre una leve mejoría y una nueva crisis más aguda que la anterior, los recuerdos de cosas vividas y los sentimientos que se expresaban en temor y angustia, me revelaron que juntos: recuerdos y sentimientos, formaban una imagen familiar, querida, confiable, que se asomaba siempre en mis momentos de alegría, de felicidad, de dolor, de aflicción y de necesidad. Esa imagen eras tú, siempre presente hasta en la ausencia física de la distancia.

Parada junto a tu cama tratando de rehacerte en oración, recordaba cuando te conocí hace ya más de 40 años mientras luchaba con el temor de perderte para siempre; me recreaba en recuerdos remotos como la simpática disputa por un bocado de puré de papas con jamón y arvejas entre Juan David, entonces de dos años a lo sumo, y su tía recién llegada de Europa, a quien pedía con enojo: “Tía vete opa” como recurso para no tener que compartir su comida contigo. Eras muy bonita, moderna, alegre y tenías actitudes infantiles que complementaban perfectamente tu parte sofisticada, madura y con amplia y universal cultura y conocimiento.

El siguiente recuerdo que me vino a la mente fue el trapo aquel... que solamente en ti lucía porque tenías una manera muy tuya y muy especial de manejarlo. Las orejas.... ingenuo fetiche que hacía parte de tu muy particular manera de vivir y de relacionarte. Tu amor inmenso por los animales, cualquiera que fuera excluyendo al sapo y que revelaba la sensibilidad de tu alma buena. Preguntona... con una habilidad enorme para  desenterrar de la boca las palabras y del corazón las emociones. Recordé las aventuras cuando aprendías a manejar y terminamos encaramadas en un montón de tierra sin poder bajarnos de allí. Cómo olvidar las conversaciones interminables, donde encontrábamos coincidencias y armonías en las formas de ver la vida y de interpretar sus maniobras. Y así pasaste de ser una cuñada recién conocida, a la hermana que llenó ese vacío fraternal desconocido hasta entonces para mí.
El tiempo siguió pasando y arrastrándonos a sus moldes preconcebidos de sensatez y compostura. Llegaron más responsabilidades y no faltaron las penas y los dolores. Penas y dolores que compartimos también, así fuese para aliviar el alma y descargar las emociones.
Todo eso pasó por mi mente en segundos, mientras intentaba acomodar tu imagen quebrantada en esa cama de hospital, a la Mary real, vital y verdadera con la que siempre identifiqué mi afecto y a quien necesitaba de nuevo en mi futuro.
En esta experiencia que vas a vivir, tendrás la ocasión de agradecer a un Dios que sentirás más cercano que nunca, por esta oportunidad de volver a la vida. De volver a la vida en perfecta salud física y mental y una renovada certeza de tu valor inmenso para toda la familia. En esa comunión de amor con tu Creador, no olvides decirle que nuestra deuda es inmensa por su infinita misericordia y que entre todos la asumimos con gratitud y compromiso por hacer de éste, un mundo mejor.
Por si no lo has adivinado todavía, todo esto era para decirte que te quiero mucho y desearte una experiencia maravillosa en la vivencia de Emaús.

Silvia

 

                                                                                                                     Bucaramanga, septiembre 5 de 2017

No hay comentarios: