Nuestra apreciada vicepresidenta Marta Lucía Ramírez instaló
esta tarde la alta instancia de género en el país. Ésta instancia tiene la
misión de asegurar que en el cumplimiento de los acuerdos de la Habana se
introduzca el enfoque de género y se reglamenten sus postulados de manera
que quede perfectamente instaurado en
nuestro ordenamiento jurídico. Este esperpento
velará porque la ideología de
género sea una realidad para los colombianos. Es decir, a sus hijos van a
enseñarles que no se nace hombre ni se nace mujer; a pesar de que la genética
nos enseñó que dos cromosomas X hacen una niña y la combinación de un X con un
Y forman un varón. Pero además los
bebés, salvo contadas excepciones, nacen con el sexo perfectamente definido:
sus genitales son bien diferentes. Cómo quedaría un niño de 10 años con un
bikini o con una trusa? Quién les explicará luego que lo que la naturaleza les
proporcionó no era lo correcto? Cuántos niños, por confusión y presión del
grupo social tomarán una decisión que les pesará toda la vida? Quien
se abroga el derecho de cambiar culturalmente la genética, la morfología
y la identidad sexual de los niños en el país? Quienes lo van a permitir?
Marcela Sánchez
Buitrago fue nombrada por Iván Duque para manejar la alta instancia. Para agregar más horror al horror, Marcela era
la presidenta de la ONG Colombia Diversa, que trabajó durante muchos años en promover la
defensa del enfoque de género y es una
de las mayores promotoras de la ideología
en Colombia. Junto con ella, para que no quede cabo suelto, se han
posesionado otras personas que se identifican con la ideología de género o han
sido cabezas visibles del movimiento en nuestra patria.
La desestabilización del país y la destrucción de la familia
son claramente los objetivos de la izquierda continental. En este gobierno nos
las han venido dando en cómodas cuotas para que no haya impacto, y es notorio
que no lo hay; al menos no el suficiente para manifestarse en contra de la
dictadura de los acuerdos de “paz”.
Qué decepción me ha producido la vicepresidenta, a quien
siempre vi como un polo a tierra para Duque y está revelando que es, más bien,
su mano derecha. Resultó afecta a estos movimientos que no auguran nada bueno
para nuestros niños y jóvenes. O es el poder lo que la atrae hasta el punto de
aceptar encargos inmorales como el de hoy?
Sea lo que sea, nuestro
país está en riesgo; todos los frentes han sido cubiertos por la tarea
silenciosa, persistente, de los líderes de izquierda. Falta poco, muy poco para
entregarnos definitivamente al poder devastador de los camaradas leales al Foro
de Sao Paulo. Y sólo se oye un silencio que grita de dolor por parte de los
colombianos.

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