Hay días y épocas
de la vida que no se pueden olvidar, que forman parte de la historia y que
dejan huellas que perduran. No siempre son días felices; el dolor también
imprime sus trazos y deja cicatrices y aprendizajes.
Durante mi
vida ya prolongada gracias a Dios, he vivido múltiples experiencias cuyas estelas
me han marcado profundamente en todos los sentidos. En el negativo, desde un
temprano exilio con las pérdidas tan sensibles que ello conlleva, las continuas
adaptaciones a diferentes idiomas, culturas, climas, gastronomías, hasta las pérdidas
tan prematuras de mi hija, hermano y padres, el secuestro de Ari que significó mas
de tres meses de angustia, temores y toma de difíciles decisiones, hasta el presentimiento
que me agobia hoy de tener que enfrentar un segundo exilio ya en estas alturas
de desgaste físico y mental.
En el sentido
positivo, los bellos recuerdos de infancia y del amor y sacrificio de mis
padres para que mi hermano y yo resultáramos lo menos afectados por las
condiciones económicas y emocionales que se vivieron; las bellas amistades que
se forjaron en cada etapa de mi peregrinaje, el haber formado un hogar que ha
perdurado porque la elección fue bendecida y ningún tropiezo nos hizo pensar en
un fracaso, el haber tenido unos hijos que complementaron de formas tan diferentes
y tan bellas nuestra vida; la llegada de los nietos, mi nueva juventud; la
segunda oportunidad de vida que Dios Nuestro Señor permitió a cabito y la
alegría y la zozobra con final feliz que su personalidad trajo a nuestras
vidas, el aprendizaje continuo y las satisfacciones que nos ha brindado Bibi
con su niñez y juventud sin tacha, su éxito laboral, su personalidad
arrolladora y su amor especial a la naturaleza; la hermosa y triunfante trayectoria
de Juan David desde que decidió emprender una arriesgada aventura en el exterior,
plasmada hace unos días en su homenaje entre los diez mas destacados
colombianos en la Florida. Trajo además a nuestra familia a una hija más, que
además lleva mi mismo nombre y quien se ha ganado nuestra gratitud y cariño.
Capítulo aparte
merecen mis nietos que han sido quienes han dado sentido a nuestra madurez y vejez.
Desde volver a tirarme al piso, salir a pedir caramelos en Halloween,
disfrazarme y esconderme, aprender de futbol, de básquetbol y montar en
bicicleta, hasta disfrutar de las personalidades, el gran talento y el amor de
cada uno de ellos, ha sido una de las más bellas etapas de mi vida. Me han
hecho sentir que todo ha valido la pena y si me interesa prolongar mis años de
vida, es solo para vivir los que tienen ellos por delante.
Hoy, se
unieron para mi todos esos recuerdos en esta bella sorpresa que nos dan nuestros
hijos, que no solo enriquece el día, aviva la memoria y exalta la gratitud en
nuestros corazones. La oportunidad de reunirlos a todos es de las cosas que más
amo y el tenerlos a ustedes aquí, compartiendo esta tarde que espero disfruten,
es maravillosa.
Gracias Señor,
gracias hijos, gracias nietos, gracias amigos y familia, gracias a quienes nos
sirven hoy con tanto cariño. Que Dios les bendiga.

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