Siempre pensé que quería ser una persona longeva y sólo pediría que fuese en el máximo de mis capacidades físicas y cognitivas, por supuesto acorde a la edad. ¡Hay tanto por hacer en la vida! Divertirse, estudiar y aprender aquello que deseas ser, hacer amigos, enamorarse y vivir el amor, viajar y conocer, formar una familia y tener hijos que motiven nuevas ilusiones, cultivar un futuro digno y decoroso, trabajar en lo que amas; no se termina de querer, planear y vivir.
Pronto empiezas a vivir en la vida de tus hijos porque verlos realizarse laboral y emocionalmente se disfruta como propio. Mucho que hacer, que planear, que sacrificar y mucho que acariciar y agradecer. La llegada de los nietos y descubrir el amor de abuelos es una experiencia que te vuelve a enamorar de la vida y te hace desear más futuro solo para vivir en el de ellos. Como espectadores, por supuesto, pero con el deleite de recrear las etapas de tu vida ya gastada, en la vida nueva de los seres que más amas.
Entonces, luego de experimentar todas las facetas del amor, casi todas las del dolor, muchas de desazón, tristeza y desesperanza, tantas de alegrías y sinsabores, ilusiones cumplidas y esperanzas descartadas, sueños enterrados y decepciones acumuladas, te das cuenta de que el futuro aquel que deseabas prolongar ya no es tan prometedor y cada vez la vida te necesita menos. Día a día te desalienta el cansancio, la soledad, te agobia una cultura que no has alentado ni comprendes siquiera, pero nuevas generaciones la imponen y algunos la alimentan. Empiezas a sentir que no perteneces, no tienes mucho que aportar y menos que esperar y recibir. Pierdes derechos y comienzas a ser, en muchos casos, un problema para los tuyos. Tus opiniones son obsoletas y tus expresiones de temor, de confusión o de protesta, no tienen buen recibo. Hay que plegarse a la vida que nos dejan vivir, hacer lo que se espera que hagamos y decir lo que otros quieren oir para no interrumpir el ritmo de la modernidad impuesta ni protestar por el irrespeto o desconsideración que pueda golpearte sin piedad.
Se viven entonces años extra, que no alcanzan siquiera a llegar al término que te habías propuesto, pero se renuncia con agrado a todo lo que hubiese podido ser y ya no te seduce esperar.

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