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lunes, 20 de junio de 2022

Colombia eligió!

 

¡Bueno Colombia, elegiste! Aunque los resultados no me terminan de convencer y los atribuyo a algún intruso código informático, entiendo que estaban dadas las condiciones para que llegara al país el “cambio” tan anhelado por ciertas mayorías que votaron por un diseño falaz de futuro igualitario y soluciones mágicas de un estado protector y de recursos inagotables. Ya tenemos presidente y les voy a hacer un cuento de la trayectoria recorrida por el sistema que asume el poder el 7 de agosto próximo.

La pobreza no es nueva y las desigualdades tampoco lo son. Es más, nunca dejarán de existir porque forman parte de las mismas diferencias congénitas o adquiridas del ser humano. Creer que un gobierno podría homogeneizar la población de un país es tan ingenuo como apostarle a un coeficiente intelectual superior para todos los humanos. ¿Pero por qué hemos llegado a pensar que sí es posible? Para empezar, se necesita generar conciencia de un problema; luego buscar algún culpable para finalmente, erigirse como la única solución y conseguir el entusiasmo y la adhesión de unos ingenuos ciudadanos. Esto lleva tiempo, pero si algo se puede destacar de las izquierdas es su paciencia y la capacidad convincente de su discurso populista.

Hace 30 años no se percibía tanta insatisfacción en la pobreza. La gente tenía dos opciones: aceptarla y congeniar con ella, o buscar maneras para progresar que eran entonces más factibles y en cierto modo, alcanzables. Porque veía la vida apacible y feliz que vivían campesinos y otras comunidades pobres, en armonía con su sabiduría primaria y sus costumbres, muchas veces me cuestioné si era mejor ignorar que conocer sobre temas como la inmoralidad de la política, el cambio climático, las pandemias, los peligros del glifosato, la sobrepoblación, la inminencia de la globalización y otros tópicos que causan desasosiego y nos impiden vivir hoy, el aquí y el ahora privándonos del descanso del sueño y agregándonos angustias y preocupaciones. Lo digo con autoridad porque siempre viví cerca del campesino y del obrero y por mi vocación primero y mi profesión después, me interesé siempre en el ser humano detrás de los estereotipos y las categorizaciones.

Y entonces llegó el discurso aquel, con el libreto del Foro de Sao Paulo y un objetivo político claro y comenzó a construirse sobre la desigualdad evidente y en mucha parte generada por la corrupción imperante en el país. Pronto se generó conciencia sobre ello haciendo que el campesino se concientizara del abandono del gobierno y se compadeciera de sus necesidades y que el obrero se sintiera explotado por su patrón y convencido de estar logrando la riqueza ajena a costa de su gran esfuerzo y sacrificios. Atrás quedaba la vida apacible, de pronto resignada, pero en armonía con sus propias capacidades. Ahora se convertían en víctimas, en mártires que no merecían su suerte gracias a la elocuente narrativa de los que se erigían como sus únicos redentores.

Ya con la insatisfacción exacerbada y la visión de una vida mejor, más fácil y merecida, lograron establecer el odio de clases y el resentimiento: dos ingredientes esenciales para lograr el triunfo que registraron hoy.

No veo cómo se armoniza una vida de insurrección criminal con un ejercicio del poder compasivo y humanitario. No vi en las guerrillas colombianas una filosofía benefactora sino una lucha de poder erigida sobre la miseria de algunos, la drogadicción de la juventud y la acumulación de riquezas para convertirlas luego en el medio de alcanzar sus objetivos. Objetivos que no conducen a mejorar la vida de nadie diferente a ellos mismos y financiar su obra expansiva por todo el continente.

Como ya lo hecho, hecho está, no vale la rebelión que conduce a más sufrimiento y solo nos queda honrar lo que nos queda de democracia, aceptando la elección popular y buscando acomodarse lo mejor que se pueda al nuevo escenario y a los cambios que elegimos. Ya no hay un Chapulín Colorado que nos defienda y recuerden que entre los planes del nuevo gobierno está la desaparición del ESMAD.

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