No entiendo. Será la diferencia generacional, los principios y valores que adopté cuando todavía se usaban, el amor a mi prójimo como manda Dios Nuestro Señor o que definitivamente no entiendo. Cual torpe o bruta.
Me entretenía mucho viendo en redes, más que el post, los comentarios de la gente. Me reía con muchos de ellos, disfrutaba de la creatividad y la chispa que exhibían y el paseo por las redes resultaba refrescante. En unos pocos años el irrespeto, la vulgaridad, el insulto, la calumnia, la tergiversación, se apoderaron de gran parte de los contenidos y para mi está resultando un estrés adicional, que no necesito. En estos días el comportamiento de los manifestantes me ratifican en mi apreciación con creces.
Me duele el alma. Me duele el dolor de madres, padres, esposas e hijos. Me duele esta patria acogedora que hice mía y hoy se escapa de mis manos. Me duelen los sueños perdidos, el futuro incierto, las metas desdibujadas. Me duelen las nuevas generaciones, sanas aún, de pensar en el mundo que van a encontrar. Me duele repasar una vida encaminada a construir y compartir y que hoy enfrenta el riesgo de que todo se destruya.
Es alucinante la devastación familiar, social y cultural que muestra la juventud, una juventud que antes formábamos para que
estuviera encaminada a edificar una vida digna, productiva, solidaria ya que estaban llamados a dirigir el destino del país.
Esto ya se nos salió de las manos; han sido muchos años de un trabajo silencioso pero eficaz, que ha logrado permear las instituciones, corromper funcionarios, transformar conciencias para que lo que siempre fue bueno, hoy hacerlo pasar por malo. Lo que antes fue malo, hoy lo ambicionan los chicos para completar por sí mismos el desarrollo libre de su personalidad.
No entiendo el tamaño del odio que han logrado infundir en los corazones juveniles, que antes veían el mundo de un bello color y los suficientemente amplio para todos. Una juventud que luchaba para lograr sus metas sin pensar en los lucros del vecino, sin envidiar los del poderoso, sino conscientes de que el éxito es el resultado del esfuerzo, la perseverancia, el tamaño de sus objetivos, y la disciplina para alcanzarlos.
Ver la sevicia con la que torturan a un policía, saquean comercios sin pensar en el daño que causan a un semejante, sin importarles el dolor que infringen a una familia; ser testigo de la ceguera a veces torpe, a veces elegida como norte de sus actuaciones y sus conceptos; ver a un joven rendir honores al che Guevara sin saber siquiera la realidad de su trayectoria mientras se ensaña en desprestigiar y calumniar a quien le han hecho creer que no merece su respeto ni su consideración. Verdad o mentira? no importa, no se cuestiona: el solo oye y confía. Divulga y disfruta porque es el odio el que le guía y hacer más pequeño y miserable al otro, le hace sentir más grande y poderoso a él.
No entiendo y quisiera hacerlo porque alguna razón los debe llevar a incorporar a sus vidas un proceder que solo les conduce al fracaso y al desprecio de la gente. Conociendo esa motivación, a lo mejor algo se puede hacer todavía para enderezar el camino de piedras que va recorriendo y llevarlo a aquel que le conduce al bien y la gracia de Dios.
Si, oremos por ellos pero también hagamos el propósito de contribuir a su resocialización. Al menos a intentarlo. Hagámosle saber que el mundo los ama si lo que él entrega es amor; enseñémosle que la vida le envuelve en papel de regalo aquello que quiere lograr y lo emprende por el camino correcto. Demostremosle que vale la pena vivir al derecho y que la tranquilidad de conciencia y el deber cumplido le harán conocer lo que es la verdadera realización. Si permitimos que estos muchachos continúen por el camino del odio que les han mostrado, seremos cómplices de la degradación del ser humano y del planeta entero. No falta mucho.

No hay comentarios:
Publicar un comentario